Enfermedad X

La mayoría de las personas están aterradas ante la aparición de nuevos virus que han cobrado la vida de un gran número de hombres, mujeres, y niños. Y una parte más vulnerable a estos virus son los adultos ya envejecidos. Según estudios, cada año, surgen de 3 a 4 virus o enfermedades nuevas, con síntomas parecidos a patologías ya conocidas como: VIH, Ébola, SRAS, MERS, gripe aviar, y el SARS-Cov-2, éste último es el virus que causa el Covid-19.

Por eso, la comunidad científica está muy preocupada ante la inminente presentación de la enfermedad X.

¿Qué es la enfermedad X?

Éste término es usado para nombrar a un posible patógeno tan contagioso como el Covid-19, y a la misma vez, sea tan voraz como el Ébola, capaz de acabar con la vida de millones. ¿Es eso posible? ¿Tendremos que esperar mucho? Las actuales condiciones mundiales indican que estamos frente al surgimiento de enfermedades nuevas cuyos alcances pueden ser de magnitudes apocalípticas.

Aunque las enfermedades existentes son ya conocidas por casi todos, lo que más preocupa, es no saber con certeza el origen de cada una de estas enfermedades. Aún son objeto de estudio por parte de médicos y científicos. Y es lamentable, pero los nuevos patógenos que aparecen en la escena mundial siguen el mismo patrón, de igual manera se desconocen sus orígenes.

Y es cada vez más difícil determinar los factores que favorecieron su creación, contagio y propagación. El Covid-19 la pandemia actual, que nos tiene en cuarentena mundial, es una prueba clara de tal verdad.

De ahí, que surgen varias interrogantes: ¿podemos prepararnos para enfrentar la enfermedad X? ¿Qué podemos evitar? ¿Qué podemos hacer para preservar a nuestra familia y a nosotros mismos? Por imposible que parezca, tenemos valiosas herramientas para enfrentar el futuro con gran optimismo. Prestar atención las diferentes formas de contagio nos ayudará a estar bien preparados. De seguro serán vitales para la preservación de la vida y la salud.

Agua y aire: la contaminación existente tanto en el agua como en el aire de las selvas como en las comunidades, provocadas por el mismo hombre es el escenario ideal para la propagación de virus y enfermedades. Unas simples gotitas, sean inhaladas o bebidas, que transporten cualquiera de los virus conocidos o por conocer serán suficientes para infectar a un nuevo huésped.

Por eso, la importancia de evitar lugares más propensos a estar contaminados. Los sectores deforestados en plena selva, los poblados cerca de lugares talados y quemados, mercados insalubres, vertederos de basura, ríos y cualquier fuente de agua natural afectada por servicios precarios de eliminación de desechos. Todas esas situaciones representan un grave peligro.

Insectos y roedores: la incursión del hombre en los bosques y selvas ha dañado drásticamente la ecología de estos entornos naturales. La vida salvaje ha tenido que desplazarse de sus hábitats, y en el peor de los casos morir en el intento.

Animales como los roedores, insectos, murciélagos, pulgas entre otros, que son propios de la selva y bosques, se han visto forzados a invadir las aldeas cercanas a las junglas destruidas por los aniquiladores de la naturaleza. Estos a su vez, son los principales vectores de la mayoría de las nuevas enfermedades que azotan a la humanidad, debido a que estos pequeños animales por lo general cohabitan con animales más grandes que conviven con los humanos, o en su defecto son consumidos.

Comidas y bebidas: el tráfico constante de carne de animales salvajes y exóticos en lugares con alta densidad poblacional es la principal causa de infección para los nuevos virus provenientes de un animal y ahora yacen en humanos. Gran parte de las personas adineradas y con poder en el mundo demandan comer ciertos tipos de carnes de animales salvajes.

Esto ha provocado un auge en la comercialización internacional de animales que son cazados, sin ninguna regulación o aprobación de un inspector sanitario. Por ejemplo, los mercados donde se venden carnes frescas, constituyen uno de los principales focos de transmisión de posibles virus.

Por lo cual, debemos asegurarnos de cumplir con las regulaciones sanitarias en nuestra casa y vecindario. También, constatar que nuestra comida provenga de sitios aprobados por los controles de salubridad pública.

Objetos y lugares: el entorno donde habitan los murciélagos, ratas, insectos, pulgas, y otros vectores de virus pueden también facilitar la difusión de los nuevos patógenos, sobre todo si el ambiente es húmedo. El suelo donde por lo general los animales depositan sus heces puede ser un caldo de cultivo para cualquiera de los virus antes mencionados.

Realizar un programa regular de fumigación en las áreas ya señaladas eliminará cualquier riesgo de contagio tanto de manera directa como también indirecta. Es particularmente necesario, hacer jornadas de desinfección en todas las zonas expuestas.

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Fluidos de humanos y animales: en los hogares y áreas de movimiento constante de personas y mascotas son propensas a convertirse en focos de contagio. Una simple “lamida”, rasguño, o un pequeño mordisco de una mascota portadora del virus, bastarían para infectar a una persona o a una comunidad con la nueva plaga. Cualquier líquido o flujo corporal de un portador del patógeno es una amenaza real. La higiene, y los buenos hábitos en nuestros hogares y sitios de trabajo nos librarán de tales riesgos.

Como hemos observado, el futuro presenta grandes riesgo para el hombre. La deforestación indiscriminada de nuestras reservas naturales está causando un daño, que si no lo detenemos a tiempo, luego será irreparable. La caza de animales salvajes, el consumo de los tales, el éxodo masivo de animales propios de la jungla, y la poca preocupación por mantener los controles sanitarios en mercados, aumenta cada día que pasa la probabilidad de que aparezca de súbito la enfermedad X, que pondría al mundo al borde la extinción.

Es imperioso que tanto a nivel personal como colectivo tomemos conciencia del enorme daño que estamos causándonos. Aún estamos a tiempo de recuperar a la madre naturaleza que tanto nos da. Cualquier costo o inversión por devolver las selvas a su estado óptimo bien valdrá la pena. Es por el bien del planeta, y por el nuestro propio. Nuestra vida y la de nuestros hijos está en juego.

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